«Quería explorar los misterios de los sentidos como herramientas para comprendernos a nosotros mismos» – Urška Djukić

Cuando empezó a pensar en esta película, ¿cuál fue la chispa inicial?

La chispa inicial del proyecto surgió en 2018, cuando vi un concierto de un coro de niñas eslovenas. Cuando las escuché cantar por primera vez, se me llenaron los ojos de lágrimas. Me conmovió profundamente el poder de esas voces, las de unas chicas a
punto de convertirse en mujeres, hasta el punto de que tuve que contener mis emociones para no romper a llorar en medio del concierto. Había algo profundamente importante en la fuerza de estas jóvenes voces femeninas, a menudo silenciadas a lo largo de la historia. También había tres sacerdotes sentados entre el público, que estaban tan conmovidos como yo. Me llamó la atención esa escena tan inusual: hombres adultos que vivían en celibato, escuchando a unas niñas que irradiaban una energía de pleno despertar sexual. Es algo que me impactó hondamente y que necesitaba explorar. Y mi respuesta emocional fue a través del medio cinematográfico. Empecé a investigar al coro y su dinámica, y esa fue la inspiración inicial del guion. Más adelante, formamos nuestro propio coro para continuar el trabajo.

¿Así que crearon un nuevo coro para la película? ¿Cómo eligió las canciones?

Eso es. Hicimos audiciones para jóvenes cantantes y seleccionamos a unas 30 chicas, junto a las cuatro actrices que ya habíamos elegido, que tenían poca o ninguna experiencia en canto. Entonces empezó el trabajo duro. El coro lo dirigía una gran música, Jasna Žitnik, que también fue la mentora del actor Saša Tabaković para dirigir y liderar el coro en la película. Me interesaban especialmente las canciones populares eslovenas que pudieran complementar las escenas con su contenido y atmósfera. Para el final de la película, utilizamos una antigua plegaria italiana sugerida por nuestra colaboradora, la cantante Irena Tomažin. Junto con un grupo de cantantes, la adaptó e interpretó en las escenas en las que las monjas cantan en una cueva y bajo una cascada. Fue una escena muy emocionante, que conmovió incluso a los hombres más duros del equipo de rodaje. Todos pudimos sentir la energía de esa antigua oración purificadora. La película termina con la icónica canción Little Trouble Girl de Sonic Youth, que inspiró el título de la película y resume a la perfección su narrativa y su esencia temática.

Parece una película muy personal, da la sensación de que se inspira en experiencias íntimas. Al mismo tiempo, presenta muchos elementos cristianos: el monasterio, las monjas y una dinámica familiar conservadora. ¿Hasta qué punto es personal esta historia y cuáles fueron los puntos de partida para su enfoque?

Empecé explorando la voz femenina, que ha sido silenciada a lo largo de la historia. Eso me llevó a la incómoda relación con la sexualidad, el pecado y los sentimientos de culpa. A través de una joven sensible, moldeada por las convenciones sociales del pecado, quería profundizar en cómo una persona joven encuentra su propio poder interior. El sentimiento de culpa en torno a los instintos naturales es algo que yo misma experimenté mientras crecía. Aunque mi familia no era estrictamente religiosa, mi madre me educó según las ideas católicas tradicionales de lo que debía ser una «buena chica». Más adelante, me di cuenta de que esas ideas, sobre todo las relacionadas con la imagen corporal, la vergüenza y la sexualidad e impuestas a muchas generaciones de chicas, incluida la mía, son rígidas y torpes.

Con LA CHICA DEL CORO, quería explorar los misterios de los sentidos como herramientas para comprendernos a nosotros mismos. Creo que el tabú que rodea a la sexualidad nos ha hecho incapaces de comprender o aprovechar plenamente su potencial. El cuerpo tiene su propia inteligencia instintiva, que nos guía si lo escuchamos con atención. El concepto de sexualidad pecaminosa y la falta de educación al respecto es un mecanismo inteligente para desconectar a las personas de su fuente interior de
poder. Diría que es importante permitirnos escuchar y confiar en nuestra intuición, incluso cuando contradice las normas sociales. Las personas profundamente conectadas con sus cuerpos son menos fáciles de controlar porque confían más en su guía interna que en las directrices externas.

En la película, Lucija cuestiona sus sensaciones físicas internas frente a las normas y las expectativas sociales que moldean y limitan nuestro comportamiento. Al final, a través de una experiencia corporal trascendental y catártica, decide seguir su intuición en lugar de los dogmas.

Entrevista realizada por Ana Šturm

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