Modos de ser romántica – Entrevista a Milagros Mumenthaler

Por Jara Yáñez y Jaime Pena (disponible en el número 212 de Caimán Cuadernos de Cine)

Las corrientes te ha llevado mucho tiempo: ¿cuándo surge la idea inicial y cómo va tomando forma? 

La primera idea surge con una imagen que se me viene estando en Ginebra, que es mi lugar de crianza y a donde voy cada dos por tres porque mi familia vive allí. Y ahí es donde me imagino a una mujer saltando al agua helada. A partir de esa imagen surgen las preguntas: ¿fue un acto consciente o inconsciente?, ¿tiene familia o no?, ¿vive ahí o está de viaje?… Y empiezo a tejer la historia del personaje.

Además, en ese momento estaba leyendo La mujer temblorosa, de Siri Hustvedt en el que la autora cuenta la historia de su padre, que había fallecido hacía un tiempo y que era médico. En un momento va a dar una charla en homenaje y mientras está hablando su cuerpo empieza a temblar de manera muy fuerte. Pero ella sigue hablando como si nada sucediese. Me parecía importante disociar qué pasa cuando el cuerpo hace algo que la mente no entiende, porque el cuerpo también tiene memoria por sí solo…

¿Y en qué momento llegas al tema de la patología, de esa fobia al agua?

Cuando una se imagina a esa mujer cayendo al agua. El agua me parece un elemento muy contradictorio, porque por un lado es muy relajante y lúdico y por otro, resulta muy misterioso y también genera miedo. Me parecía que ese personaje encuentra en las profundidades del agua un momento un tanto placentero que le recuerda a cierta sensación de hogar, de pertenencia y que eso, más allá de lo terrible que pueda llegar a a ser, siempre es cálido.

El agua también se refleja en toda la parte de la introducción al arte, al romanticismo…

Sí, es como sucede a veces con el agua: que produce distintas corrientes. Y eso tiene un reflejo en la estructura del propio film que va tomando distintos caminos. Con respecto al romanticismo, me parecía interesante que, viendo hoy en día a un personaje como Lina (Isabel Aimé González Sola), lo primero que pensamos es que ha cumplido con todos los mandatos que exige la sociedad, un tipo de sociedad que se establece en la Ilustración, pero que se puede quebrar con el movimiento romántico que vino a contrarrestar esos ideales. Ella misma se pregunta sobre eso en la película cuando cuestiona qué es un acto romántico y si lo que izo fue un acto romántico. Es un momento de reflexión en el que los pensamientos se le comienzan a disparar en la cabeza.

Precisamente, en la película se habla de un «modo de sentir romántico»

Sí, ella le pregunta a Julia, su asistente, qué es un acto romántico y la asistente le responde que para ella es un lugar entre la frustración y el anhelo; un intermedio. Me parecía importante considerar el romanticismo como un movimiento que en la pintura viene a representar el nacimiento del arte moderno y del nacimiento de la figura del autor, en tanto gesto. Me gustaba plantear un homenaje a ese movimiento artístico.

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Hay también mucho juego con los colores, el rojo y el verde, y con los reflejos, algo que nos lleva a Hitchcock y en específico a Vértigo (1958) y a la búsqueda de identidad de una mujer a la que no persigue un hombre pero sí está construyéndose a sí misma…

La película se planteó de una forma bastante clásica: con la cámara en el trípode, con planos fijos, algún paneo y travelling… Concediéndole valor a los planos. Y, sí, ahí está Hitchcock con sus puestas en escena tan magistrales que no necesitan diálogos porque los planos lo dicen todo. Había una búsqueda que nos lleva hacia un mundo más clásico también en la manera en la ue se destacan ciertos oficios artesanales que se van a perder (el bordado, la corsetería…) o lugares que parecen estancados en el tiempo.

 

Entrevista completa en el número 212 (julio-agosto 2026) de Caimán Cuadernos de Cine

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