Acuarelas en la corriente

Si hay algo evidente en En la corriente es que pasan muchas cosas. Luego de algunas películas donde la anécdota narrativa parecía ser llevada a su mínima expresión (las bellísimas películas hermanas In Water y Nuestro día), Hong evita una vez más el encasillamiento apostando a una narración barroca y llena de contrastes.

Hong parece disfrutar con cierto filo de frustrar las expectativas de sus seguidores y detractores. Se nos escapa cada vez; y en ese huir, realiza una nueva película, siempre distinta.

En la corriente es una película plagada de detalles que narra de manera metódica el transcurso de cinco días pautados por cinco mañanas y cuatro lunas. Tiene muchos personajes; cada unx con su propia trama, es decir, hay mucha trama. La película va armando el retrato de cada unx con pinceladas sincopadas, de combinaciones sorpresivas. Hay mucho chisme también, mucho hablar de otrxs a sus espaldas y frente a sus caras. En ese sentido, es una película severa.

La acción tiene lugar principalmente en una escuela de arte donde una docente de más de cuarenta años realiza una serie de tejidos en un telar. Un estudiante es cancelado por salir al mismo tiempo con tres compañeras, y es reemplazado por un actor sin mucho éxito, que es contratado para montar una obra de teatro con otras cuatro estudiantes que ensayan y estrenan esta obra en menos de diez días. Durante esos diez días, la jefa del departamento se enamora de este actor, que es el tío de la tejedora y que, entre una o dos experiencias místicas, pinta desde el inicio de la película unas acuarelas al borde del arroyo que pasa por la puerta de la universidad. Como si esto fuera poco, mientras la luna pasa de creciente a llena, se conversa entre cerveza, vino y soju y se come mucha anguila asada.

La película posee algo de film-río, subcategoría de género rivetteano, que refiere a un sentimiento de deriva dado por una serie de lineas narrativas asociadas a diferentes personajes, los cuales corren de manera tentativa como afluentes de un río hacia otra unidad mayor. Estos arroyos se tejen en simultaneo. Se entrecruzan, ocultando partes los unos de los otros. El film-río es una figura contradictoria que nace de la dispersión pero que logra la sensación de una unidad natural.

Algo de esta figura define a En la corriente y pinta el retrato de sus personajes. Nunca los llegamos a conocer del todo porque de alguna forma el agua no deja nunca de correr. Estos retratos nunca se fijan. Se vuelven siempre una potencia, algo a seguir expandiendo. Para cada retratado siempre existe la posibilidad de un nuevo toque que disonante haga entrar al personaje en contradicción, en tensión, en equilibrio.

Nadie es perfecto ni se termina de descifrar del todo. El otro es siempre un misterio o un enchastre, al que hay que poder vislumbrar aunque sea un instante a fuerza de nuevos tachones. El film-río nunca es límpido, ni cristalino, ya sea por la mugre o por los reflejos del sol. Prefiere mantenerse inquietante, misterioso.

Uno de estos misterios aparece en los últimos minutos de la película. No los voy a revelar acá, pero sí los menciono porque este misterio -que ya verán cuando se sienten a ver la película en el cine- me lleva a preguntarme qué es lo que pinta el personaje de Kim Minhee en su chiquillísimo kit de acuarelas. Activo la fantasía una primera vez y digo: está intentando ver, ver mejor los motivos para sus tejidos. Busca, de alguna forma, inspiración en el arroyo a través de la acuarela.

A mitad de la película se nos muestra uno de sus tejidos. Se trata de una textura azulácea en degradé que hace referencia al constante movimiento en fuga de las aguas del río Han que atraviesa la ciudad de Seúl. Este personaje dice que su serie de tejidos remontan cada uno las aguas que van del río a la montaña. Las películas de Hong nos invitan a convocar en nosotrxs mismxs a nuestro pequeño detective de la narración. Ahora sobre el arroyo, Kim Minhee pinta. Pero nunca vemos ninguna de las acuarelas que realiza. La vemos a ella cuatro veces pintando, pero siempre demasiado de lejos como para ver bien. Los procesos de creación también se mantienen en el misterio.

¿Cómo hace Hong para filmar estas películas? Mientras nos quedamos pensando en esto, en la fórmula Hong de la narración cinematográfica, me permito fantasear una segunda vez y mostrarles lo que me parece que estuvo pintando Kim Minhee:

“Quiero ir a mirar” dice su personaje justo antes de fugarse de un plano de quince minutos. Deja la mesa del restorán y baja al arroyo a fumar. Se adentra en la naturaleza y la perdemos. No accedemos a ella. Nuevos misterios: ¿Dónde está? ¿Qué se fue a hacer? Una tercera y última fantasía: Se fue a pintar, a mirar el agua correr, a ver la fuente desde la que se inicia el arroyo, porque mientras el agua siga corriendo siempre habrá nuevos motivos para seguir pintando.

París, 16 de Junio de 2025

Acuarelas en la corriente (2025)
© Matías Piñeiro para Atalante

Matías Piñeiro

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